editorial
 
 
 



 

 

De la directora

La Biblioteca del siglo XXI se caracteriza por hacer un mayor uso de la información y el conocimiento que se obtiene a través de herramientas tecnológicas, es por ello que la idea de la biblioteca como una unidad dedicada a organizar y conservar documentos no tiene cabida dentro del nuevo esquema planteado por esta sociedad, para poder tomar decisiones adecuadas y actuar en consecuencia. La producción, productividad y competitividad se optimizarán de acuerdo a la capacidad que se tenga para transmitir, recibir e intercambiar datos.

La biblioteca se convierte, entonces, en la institución encargada de facilitar la igualdad de acceso de todos los individuos a la información, de promover el encuentro entre el usuario y el documento a través de una serie de servicios y productos.

La Biblioteca Pedro Grases no es ajena a esos cambios sociales y culturales y, en consecuencia, ha emprendido una serie de proyectos con el propósito de asumir el papel que le corresponde en los procesos académicos que se están impulsando en la Universidad Metropolitana. Atenta a las demandas de los usuarios de la comunidad donde está inserta, pretende convertirse en un espacio para la reflexión y el intercambio de ideas, al mismo tiempo que promueve acciones para facilitar la integración de todos los actores involucrados en el quehacer educativo.

Surge así la idea de publicar un magazine digital cuyo objetivo es servir de instrumento no sólo de información, sino también de enlace para que la interdisciplinariedad esté presente en cada uno de los planes institucionales.

Bibliobytes, título de publicación, tendrá una periodicidad bimestral y contará con secciones fijas en las cuales se pretende hacer un repaso de la pequeña historia de la institución; recoger las experiencias estudiantiles en ciertos momentos claves de la carrera; dar a conocer los proyectos que están desarrollando autoridades y profesores. Así mismo, los miembros de la comunidad unimetana tendrán la oportunidad de exponer su punto de vista acerca de diversos temas que se propondrán en un foro de discusión.

Nada más propicio que dedicarle, este nuestro primer número, a toda la Comunidad Unimetana rindiéndole un pequeño homenaje a Don Pedro Grases, promotor y fundador de nuestra Biblioteca. Hoy, con inmensa sutileza y generosidad, Laura Febres Cordero nos conmueve con su,

"Conversando con Pedro Grases"

Eleida García


 

Conversando con Pedro Grases

Siempre afirmo a mis alumnos que en la Universidad Metropolitana hay un gran tesoro. Y, ese tesoro es nuestra biblioteca Pedro Grases. Recinto hermoso que este autor se obligó a construir, del que disfrutamos hoy, y que constituye una de las mejores bibliotecas en humanidades que existen en el país. He podido realizar mis investigaciones con la ayuda de esta biblioteca y además tuve la suerte de ingresar a la Universidad Metropolitana en 1986, cuando Pedro Grases trabajaba algunas mañanas en ese recinto de la Universidad. Allí empezamos a conversar y a preguntarme él sobre mis investigaciones.

Pedro Grases y yo hablamos de muchas cosas, pero sobre todo de mis trabajos académicos como la tesis de maestría, Pedro Henríquez Ureña, Crítico de América y compartimos junto con su hija María Asunción las veladas que organizamos en la Biblioteca sobre Teresa de la Parra (1992), Sor Juana Inés de la Cruz (1994) y sobre las relaciones entre la historia y la ficción (1996).

Por eso quisiera continuar este pequeño trabajo con una afirmación suya que hizo realidad para mi a través de sus conversaciones:

Nuestra época regida a base de la ferocidad de las cifras estadísticas y de los imperativos de las leyes sociales y económicas, parece que haya apartado por anacrónicas las áreas del sentimiento y de la comprensión sencilla entre las gentes. …El que vive con el corazón en la mano o con la alegría a flor de labio, es tenido por cándido o por un desajustado. Y, sin embargo, creo que no hay otro modo de vivir más honesto, pleno, intenso. Iba a añadir que otra forma de estar en el mundo no vale la pena de haber nacido; pero he de comprender que la existencia permite otros rumbos y maneras que también han de tener su sabor de goce completo, que si no comparto, respeto.(pag. 12)

 

PEDRO GRASES


 

ALGUNAS OBRAS

Cuando inicié mi tesis doctoral no dudé en acudir a él para que fuera mi tutor. Ya éramos amigos.

A esta proposición contestó que ya estaba muy viejo para ser mi tutor, que en su lugar me recomendaba al Dr. Ramón J. Velásquez quien en esos momentos era Presidente de la República. Yo dudosa, le dije que como me iba a recibir el Presidente, y me dijo: no te preocupes, yo lo llamo.

Me prestó entonces la revista Bitácora que no había podido conseguir, para mi trabajo y le prometí devolvérsela pronto. Eso no sucedió porque me operaron. No dudó, entonces, en llamarme a mi casa, y hablar conmigo para asegurarse de que los volúmenes le serían devueltos. Don Pedro era muy cuidadoso con los libros y eso lo demostró en aquella oportunidad.

Luego recuerdo que un día dejó de venir a trabajar en la biblioteca, y sentí su ausencia. Ya estaba enfermo y me informaba de su salud por María Asunción, su hija. Fuimos a visitarlo a la clínica La Floresta. Acababa de bajar de terapia intensiva y, no se podía entender, lo que decía.

En ese momento empecé a hablarle sobre mi investigación del Obispo Mariano Martí. Le dije que me estaba metiendo con un catalán como él y que iba a tener que acudir al gobierno de Cataluña para que me publicaran la investigación. Le brillaron tanto los ojos que no necesitamos entender sus palabras. Todo estaba dicho.

Ya después de muerto volví a otra reunión en su casa y me senté un rato al lado de su viuda que me impresionó porque en ese momento estaba extremadamente serena y me dijo: Pedro está en el cielo. Confieso que sentí envidia de su serenidad, y admiración al mismo tiempo.

Después de haber convivido, alrededor de cincuenta años con Don Pedro ella tenía la profunda certeza de que Don Pedro había practicado las tres cualidades que enumera en Gremio de Discretos

“…quisiera añadir la mención de tres requisitos indispensables, de los que se olvida a menudo el hombre de letras de nuestro tiempo: 1) La humildad; 2) El propio respeto, y 3) La discreción.

De mi experiencia personal saco una ecuación que tiene la sencillez de lo perfecto: el mayor saber y el mayor valer humano, van siempre acompañados de la mayor generosidad y humildad.” (págs. 29 y 30).

Bibliografía:
Grases, Pedro. Gremio de discretos. Caracas, Editorial Ariel, 1967.